Todos los caminos conducen a Gormaz

Así debió ser en el medievo porque su imponente alcazaba musulmana no está allí por casualidad. Era, allá por el siglo X, la más grande fortaleza de toda Europa y baluarte defensivo, al norte del Duero, de la frontera entre civilizaciones enfrentadas. Luego llegaremos hasta allí y contaremos sus avatares, pero la elección de por donde ir, también tiene su interés. Elegimos acercarnos al castillo desde la villa de Quintanas de Gormaz.

Una escuela con mucho encanto

Cuenta Quintanas de Gormaz con una iglesia del XVII y algunos otros sitios de interés, algunos incluso preceltíberos pero quisiera que contemplasen su escuela. Escuela nacional de esas que se hicieron el siglo pasado y que, además de ser una noble construcción en la que predomina el ladrillo, nos traslada a épocas que, los que ya hemos llegado a los cincuenta, pudimos conocer. Aulas separadas y, en este caso incluso entradas separadas que se indican con un letrero en azulejos que no deja lugar a dudas. La primera vez que contemplé este edificio no pude por menos que recordar cómo estaban dispuestos los bancos de la iglesia de pueblo hace apenas cuarenta años. Dos grupos de pequeños tamaños a derecha e izquierda eran ocupados, por ellas a la derecha y los críos a la izquierda. Inmediata mente detrás las mujeres. La mayoría porque algunas disponían de su propio reclinatorio y se acomodaban aparte. Y al fondo los varones, muchos de ellos de pié y, en general, para qué nos vamos a engañar, poco atentos a la ceremonia que oficiaba Don Esteban.
La escuela de Quintanas de Gormaz es fruto de la opulencia que supuso durante muchos años la riqueza de la miera, la resina. De hecho, a falta de niños sus dependencias fueron reconvertidas en museo de la resina. ¡Ah! Y no dejen de visitar el antiguo lavadero, también rehabilitado y por supuesto en desuso, que confirma el bienestar que disfrutó esta localidad.

Primero a la ermita

Gormaz es un pueblo chiquito, acostado en la ladera que remata la imponente fortaleza califal. A medio camino entre la villa y el castillo encontramos la otrora ignorada ermita de San Miguel. Lo cierto es que su humilde exterior no presagiaba sorpresas bajo su única nave unida al ábside a través de un arco de herradura. Menos aún cuando amenazaba ruina y sus muros permanecían apuntalados con troncos. Pero hete aquí que se decidió su restauración por el interés que revestían algunos de sus elementos constructivos, datados en el siglo once y aparecieron las pinturas ocultas tras la capa de cal que blanqueaba el interior del templo. Son románicas, del siglo doce y casi nadie duda de que su autoría pertenece al mismo taller que pintó las de San Baudelio de Berlanga o las de Maderuelo en Segovia. Hoy es uno de los monumentos de Soria a los que más gente acude pues ha sido designada como una de las piezas externas de la Exposición de la Edades del Hombre, “Paisaje Interior”.


Al castillo

Desde Quintanas estamos a un paso del castillo. La perspectiva que se contempla, sin embargo, no hace suponer al visitante la verdadera dimensión. Es como ver un trasatlántico de frente. No hay hueco en esta publicación, ni para contar la historia de la fortaleza, ni siquiera hacer una descripción detallada de la misma. Es inmensa en ambos aspectos. Por ella han pasado protagonistas de la historia del general Galib que la construyera sobre otra anterior más modesta y que la defendió con éxito del asedio del Conde Garcí Fernández en el año 975 auque éste consiguió su conquista en el 981para perderla, apenas dos años después a manos de Almanzor. El mismísimo “Mío Cid” que fue alcaide de Gormaz en 1087 tras pasar por fin a manos cristianas gracias a la conquista en 1060 llevada a cabo por el rey Fernando I.
Su gran recinto amurallado con elevados y fuertes muros de sillar permitía incluso albergar ejércitos. La muela en la que se ubica domina media provincia y aseguraba su inexpugnabilidad y sobre todo el control del Duero. Una vez dentro se pueden apreciar las sólidas construcciones de la torre del homenaje, la de Almanzor, sus aljibes, su alberca y, por su puesto su puerta califal, el elemento más característico de esta alcazaba que, como ya les dije fue la más grande de Europa de su tiempo. Sin duda, bajo el montón de escombros intramuros que ahora tienen apariencia de pradera, se ocultan hallazgos arqueológicos que, alguna vez saldrán a la luz nos sorprenderán mucho más aun que las pinturas murales de San Miguel.

Y de propina, la Ciudad de la alegría

En esta época del año, con la cosecha aún pendiente, desde el castillo hacia el sur se contempla un espectáculo grandioso. El Duero serpentea entre los chopos y los cultivos mientras que al fondo se contempla el pueblo de Recuerda. A su izquierda lo que parece otro pueblecito, este de casas diminutas. Es la que por allí llaman, la Ciudad de la Alegría. En realidad son bodegas, muchas bodegas, lamentablemente la mayoría en desuso, en las que los lugareños envejecían sus propios vinos. Es un lugar curioso para rematar este paseo por viejas escuelas, sorprendentes ermitas, y castillos descomunales.

 [Tuesday, June 22, 2010]


 
Tramo de la muralla del castillo de Gormaz Una de las puertas que se abren en las murallas del castillo de Gormaz Frescos de la iglesia de San Miguel de Gormaz Antigua escuela de Quintanas de Gormaz, convertida en la actualidad en Museo de la Resina Bodegas de la zona de Gormaz Espacio interior del castillo de Gormaz 






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